lunes, 20 de mayo de 2013

Volver

Dos semanas de ajetreo insoportable, la llegada de una calma relativa que más que calmar mis nervios han acrecentado esta presión que cargo en el pecho y hace que mi tiempo se divida en tres, tres partes del día, tres partes de una misma oscuridad:

1. El tiempo que dedico a pensar en la muerte
2. El tiempo que dedico a odiarme
3. El tiempo que dedico a controlarme frente al deseo creciente de gritar, llorar y hacerme daño (deseo que cada vez ocurre en momentos más inadecuados).

Tres tercios de una misma realidad cada día más desagradable, aunque podría decirse que cada parte de esta triada se ve aumentada por mi reacción frente a las acciones de otras personas que cada vez me resultan más extrañas, perder la familiaridad con las conductas humanas es algo que quizá marca el inicio de un declive imparable. Siento que pierdo el control de mí misma, ¿será que finalmente estoy perdiendo la cordura? ¿estoy soltando lentamente aquel estatus efímero al que con tanta avidez me aferraba? Siento que mi vida transcurre entre actos, pero mis movimientos son cada vez más forzados, mis monólogos cada vez más flojos, las escenas cada vez más oscuras, me siento incapaz de seguir y nunca antes lo dije con tanto convencimiento.


Esto lo escribí hace ya varias semanas, en el momento me encuentro con menos rabia, menos ajetreo, pero con una tristeza que no logro sacarme de encima. Mi tía murió el viernes después de luchar incansablemente contra una enfermedad terrible, un monstruo que incluso para los médicos es casi una ciencia oculta. No tengo hermanos, mi primo y mi tía lograron hacerme creer en una familia paralela donde sí los tenía, la echo de menos más de lo que jamás pensé. Me arrepiento de mi indiferencia, mi falta de atención, pude hacer más; mucho más. Escribo para que sepáis que estoy viva y que ahora con peso ballena, me doy cuenta de que no quiero ser delgada porque quiero ropa bonita, verme bien, callar esa vocecita que me dice a cada minuto que parezco un manatí, quiero hacerlo porque quiero morir de hambre; dar lástima, dejar de respirar.

No tengo remedio.